miércoles, 10 de junio de 2015

Perfil Derecho

Se venía despertando desde hace ya media hora. Apenas unos tenues y débiles rayos de luz matutina atravesaban las cortinas. El cuarto, por el total desorden que almacenaba, contaba una cruda historia... Copas rotas, lencería en el piso y muebles, pedazos de madera resquebrajada y demás suciedades alrededor de la maloliente habitación. La ropa de cama absorbía fluidos de varios colores que ella no podía identificar.
Aún le dolían las manos que le sangraban y una profunda intriga le penetraba el corazón. Al ver ella aquella escena, la intriga se convirtió en sorpresa y terror, pues el último recuerdo que alimentó su memoria era en su cálida casa jugando felizmente con sus hermanos frente al televisor mientras sus padres conversaban alegremente en la cocina.
Qué había ocurrido entre entonces y el momento en el que se encontraba? Y porqué tenía un mal presentimiento respecto a su familia? La impotencia, a causa de la laguna mental, le produjo unas leves y temblorosas lágrimas que corrieron el maquillaje barato que llevaba. Se levantó impetuosamente para buscar algún objeto que le ayudara a recordar, pero cada cosa en esa habitación le resultaba espeluznantemente extraña. Intentaba recordar con todas sus fuerzas, tanto que el ceño le comenzaba a doler. Tras intentar recordar desesperadamente y cuestionarse al punto de una incisiva y dolorosa locura, arrastrarse por la habitación fue lo único que se le ocurrió. A ese punto, el perder la razón le resultaba en un escalofriante alivio. Su lánguido y ya desnudo cuerpo, se escurría sobre la vieja alfombra.
El tiempo le pareció eterno, y habría seguido así a no ser por una arete dorado que milagrosamente vio de reojo debajo de la cama. Apenas vio el arete y una cascada de recuerdos inundo su mente. Volvió en sí instantáneamente y su cuerpo respondió estremeciéndose y reclamando por oxigeno. Su conciencia intentaba poner orden entre tal arrojo de nuevas imágenes. De repente, varios objetos le resultaron familiares. La pistola sobre el tocador la llevaba el hombre con pantalones verdes que le tapó la cara con una bolsa de tela roja. El oso de peluche frente al armario le fue arrebatado a su hermano menor en un intento por cortarle sus tiernas manos. Los tacones rojos frente a la puerta los tenía puestos la mujer que ordenó furiosamente que la metieran en esa habitación. Los últimos destellos de su desordenada pero clara memoria le indicaban que el saco cafe sobre la silla de tela pertenecía a su novio. Las piezas de su rompecabezas comenzaban a cobrar sentido. Su familia había sido secuestrada y cruelmente asesinada, víctima de un cobro millonario. Un horrible asombro inundaba su alma. Sin consuelo, se tiró al piso sin poder respirar. Tras contener la entrecortada y sollozante respiración, y seguir hurgando en su memoria para encontrar respuestas, se dio cuenta que le faltaba una pieza a su delirante rompecabezas. El arete que disparó el mar de recuerdos. Que era de el? De donde había salido? En la lejana profundidad de sus memorias vio que ese arete era de aquella mujer responsable de tal horroroso crimen. Aquella mujer había vendido a su adorada familia como pago de una deuda que tenía. Su rabia era incontenible. La venganza le parecía espeluznantemente placentera. Sólo tenía que encontrar a esa mujer y saldar cuentas. Esa era la única respuesta que necesitaba. Donde encontrarla? Quien era ella? Como saberlo?
Una parte de ella no quería saberlo, sólo quería dejar aquello en paz y continuar, pero alguien tenía que hacer justicia. Tomó el arete y lo observó cuidadosamente. Le parecía extraño y familiar a la vez. Sentía que una asombrosa sorpresa se avecinaba. Ese arete tenía algo muy escalofriante. Acaso era la verde esmeralda?
De repente, y cual trueno sobre la tierra, una horrible verdad llegó a ella, verdad que ella se negaba a aceptar. Al fin sería libre?
El terror se apoderó de ella y entre respiro y respiro, lentamente llevó su mano ensangrentada a su oreja derecha para darse cuenta que no había nada.

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