Hay humedad en el aire. Tlaloc hizo de las suyas. Salgo a caminar un rato y entre los alumnos vespertinos de Prepa que se organizan mientras fuman sus cigarros inocentemente, el dulce aroma de las crepas callejeras y el pasar constante de los carros, hay un palpitar en el sur del DF, la ciudad comienza a despertar a sus sueños. Sigo caminando para observar más allá mi "barrio". El sonido de los pistones al rojo vivo es incesante, las arterias enfermas del corazón de este país fluyen. Hace unos días, mientras mi hermano y yo volábamos sobre la metrópoli, vimos a esta interminable urbe como lo que es, un monstruoso montón de cemento!
Sigo recorriendo el asfalto y chapopote y me encuentro con una sirena. Ahí está, verde y mirándote con sus ojos suspendidos en el tiempo, uno de los principales iconos de nuestra moderna y consumista civilización. Schwarzenegger debe estar nadando en billetes verdes gracias a ella. Me dejo llevar por sus encantos y entro en su cueva. Debo reconocer que es agradable el lugar, música de elevador, encuentro una mesa, me siento y comienzo a escribir. Tendré que pedir un café para el internet. Un charamel machiatto caliente grande en mis manos y mi antiguo lugar ahora tiene dueño. Juntas de trabajo, encuentros ocasionales, chicos fumando y citas aburridas. Amigas tomando cafe y de repente me siento invadido por una cultura muy norteamericana. Será culpa de las series de televisión y de la cultura musical pop? Será un imperialismo cultural? Según Douglas Tarnawiecki asi es, y claramente lo es! Fuck America! Lo bueno es que pronto todo ese show se vendrá abajo.
Hay algo asombroso por encima de todo esto. Siempre están ahí y los pasamos por alto. Mientras caminaba se toparon ante mi como unos gigantes sabios, ajenos a todo este embrollo. Siempre ahí, observando todo diligentemente. Parecía que extendian sus brazos y dijeran: "seguimos aquí" cuidando de todos nosotros. Esos hermosos árboles con sus copas que te cobijan en muchas partes de esta monstruosa ciudad con todo su ruido innecesario. Ahí están cuidando de todos nosotros. Ellos si hacen su trabajo, no como los políticos. Con tan solo recordar los árboles, mi pecho se calienta!
Porque los pasamos por alto? Siempre están ahí! Siempre! Será que no sabemos ver? La vida es tan inmensa en sólo un instante.
Más allá del cafe y las platicas, más allá de la música de elevador o del ritmo acelerado de la ciudad, más allá de las infinitas calles de nuestro Distrito Federal, más allá de todo este bullicio, siempre está eso inmenso, solo que no lo sabemos ver, no lo sabemos escuchar, no lo sabemos oler ni lo sabemos saborear, no lo sabemos tocar. Y cuando lo percibimos profundamente, hasta las sirenas son bellas, las luces de las patrullas centellean en tu alma y el éxtasis es tuyo en un solo instante. Entonces ves lo que no veías, hueles lo que no olías, saboreas lo que no saboreabas, tocas lo que no tocabas y sientes lo que no sentías. La ciudad está en tí. No sé.. sólo decía...

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